Miguel Artín Caetano Jorge Albert Mallebrera

Artículo redactado y revisado por Jorge, Miguel y Caetano

Llevas un rato en el sofá y te das cuenta de que has puesto los pies encima del reposabrazos sin pensarlo. Lo haces desde hace meses. También te has fijado en que el pantalón te aprieta por el tobillo a las siete de la tarde y por la mañana no. Y el otro día, al cruzar las piernas en una cena, notaste que se te dormía una en cinco minutos.

Lo que la gente llama mala circulación en las piernas casi nunca es un diagnóstico. Es un conjunto de sensaciones, pesadez al final del día, hinchazón que va y viene, un hormigueo en las piernas... Y a partir de los 40 años aparece antes y se queda más tiempo, por razones que tienen bastante lógica cuando las ves juntas.

Te cuento qué está pasando por dentro de tu cuerpo, qué puedes hacer tú desde hoy en casa y en qué momento esto deja de ser cosa de hábitos y toca que lo mire un profesional.

Lo que notas Cuándo aparece Qué suele estar detrás
Pesadez al final del día De la tarde en adelante, mejora al tumbarte Acumulación por pasar horas con las piernas por debajo del corazón
Marca del calcetín Al descalzarte por la noche Algo de líquido acumulado en el tobillo durante todo el día
El zapato aprieta por la tarde Progresivo a lo largo del día El pie se ensancha ligeramente con las horas de pie o sentada
Hormigueo al cruzar las piernas A los pocos minutos de estar en esa postura Compresión postural, se resuelve al cambiar de posición
Peor con calor Verano, calefacción alta, baño caliente El calor dilata las venas y acentúa la sensación
Peor los días previos a la regla Cíclico, se resuelve solo Fluctuación hormonal normal en la retención de líquidos

¿Qué le está pasando a tus piernas?

Dinos cómo pasas el día y cuándo lo notas más, y te decimos por dónde empezar.

Qué quiere decir de verdad "tengo mala circulación"

Empecemos por lo básico, porque la expresión es tan común que ha dejado de significar algo concreto.

La sangre baja a tus piernas empujada por el corazón, sin problema, ahí la gravedad ayuda. El "problema" es la vuelta. Subir de nuevo desde el tobillo hasta el pecho, contra la gravedad, es un trabajo que el corazón no hace solo. Necesita ayuda.

Esa ayuda tiene dos partes. La primera son unas válvulas dentro de las venas que funcionan como puertas de un solo sentido. Dejan pasar la sangre hacia arriba y le impiden volver a bajar. La segunda es lo que se llama bomba muscular, y es el gemelo. Cada vez que das un paso, ese músculo se contrae, aprieta las venas que tiene dentro y empuja la sangre un tramo hacia arriba.

Y no es un detalle menor. Se calcula que alrededor del 90% del retorno venoso al caminar depende de esas bombas musculares de la pierna, con el gemelo como protagonista. El corazón bombea hacia abajo. Para subir, tus piernas tienen que hacer trabajo extra.

Kohno K, Williams EM et al. · The calf muscle pump revisited · Journal of Vascular Surgery, Venous and Lymphatic Disorders, 2013.

Y aquí está lo importante. Esa bomba solo funciona si te mueves. No basta con estar de pie. Hace falta caminar, o al menos mover el tobillo. Si te pasas siete horas sentada en una silla o cinco de pie casi en la misma baldosa, la bomba se queda parada y la sangre tarda más en subir.

Cuando eso pasa durante horas, se acumula algo de líquido en los tejidos de la pantorrilla y el tobillo. Eso es lo que notas por la tarde. 

En una frase. Lo que llamamos mala circulación en las piernas suele ser, sobre todo, falta de ayuda muscular a un sistema que la necesita. Y eso es una buena noticia, porque la ayuda se puede dar.

Por qué a partir de los 40 años se nota antes

Esta es la pregunta que trae a mucha gente hasta aquí. Hacías la misma jornada a los 28 y llegabas a casa sin notar nada. Ahora a las seis de la tarde ya no puedes más con tus piernas. No es una sola cosa, son varias que se suman despacio.

Las venas pierden elasticidad con los años. Esto está medido. Comparando hombres jóvenes con hombres mayores, la complianza venosa de la pantorrilla, que es la capacidad de la vena de estirarse y acomodar sangre, se reduce alrededor de un 40% en personas sedentarias. El dato interesante viene después. En personas que han entrenado resistencia de forma habitual, esa caída fue de solo el 20%. La mitad.

Monahan KD et al. · American Journal of Physiology, Heart and Circulatory Physiology, 2001. Comparación entre hombres jóvenes y mayores, no tasa anual.

Se pierde masa muscular sin que te des cuenta. A partir de cierta edad, si no haces fuerza, el músculo se va yendo poco a poco. Y resulta que tu bomba de retorno es un músculo. Menos gemelo, menos bombeo. Este punto es el más importante de los cuatro y el que menos gente conecta.

El día tipo cambia. A los 25 años,  subías escaleras corriendo, salías más, te movías sin pensarlo. A los 45 hay más horas de silla, más coche y menos movimiento. No es culpa tuya, es cómo funciona la vida adulta.

Y en las mujeres se suma el componente hormonal. Las fluctuaciones de la perimenopausia afectan a cómo el cuerpo maneja los líquidos. Aquí conviene ser honesto, es una relación bastante más compleja de lo que suele contarse y está peor estudiada de lo que te imaginas. Pero muchas mujeres describen un cambio claro en poco tiempo, y esa observación es real aunque el mecanismo exacto no esté cerrado del todo.

Si lo que más te suena de todo esto es la pesadez de la tarde más que la parte circulatoria, tenemos otro artículo que entra de lleno en ese lado, por qué aparecen las piernas cansadas a partir de los 40. Los dos temas se tocan bastante, pero cada uno tira de un hilo distinto.

El que más manda es el segundo. De los cuatro, el único sobre el que puedes actuar de forma directa y rápida es la masa muscular del gemelo. Y fíjate en el dato de arriba, quien había entrenado perdió la mitad de complianza venosa que quien no. Dos sesiones cortas de fuerza por semana hacen más por tus piernas a cinco años vista que cualquier otra cosa de esta lista.

Lo que más lo empeora en el día a día

Hay gestos pequeños que sumados cuentan mucho. Estos son los que más veo repetidos.

  • Quedarte quieta, da igual de pie que sentada. El enemigo no es la postura, es la inmovilidad. Ahora bien, estar parada de pie sin desplazarte es especialmente exigente, porque toda la columna de sangre pesa desde el corazón hasta el suelo. Se ha medido, y la presión venosa en el tobillo durante la bipedestación quieta ronda los 84 mmHg, mientras que basta con caminar despacio para que caiga a unos 23. Ese es todo el asunto, en una cifra.
  • Cruzar las piernas mucho rato. Ese hormigueo que notas es compresión postural y se va al cambiar de posición. Y ya que estamos, vamos a desmontar un mito muy extendido, cruzar las piernas no causa varices. La presión que ejerce una pierna sobre otra no es suficiente para dañar una vena. Si ya tienes molestias, mantener esa postura una hora puede agravar la sensación, pero no está creando el problema.
  • Calor. Baños muy calientes, sauna, calefacción alta, verano. El calor dilata las venas y acentúa la sensación de pesadez. Por eso en agosto todo el mundo lo nota más.
  • Beber poco. Suena al revés y tiene su explicación. Cuando estás deshidratada, tu cuerpo activa las hormonas que le dicen al riñón que ahorre agua y sodio. Es un mecanismo de defensa, y el resultado es que retienes más. Al rehidratarte esas señales bajan y el riñón vuelve a trabajar con normalidad.
  • Comer con mucha sal. El sodio es el mineral que manda en el líquido que está fuera de las células. Si entra de más, ese compartimento se expande, y de ahí viene buena parte de la sensación de hinchazón.
  • Ropa muy ajustada en la ingle o la cintura. Un pantalón que aprieta justo donde la vena tiene que pasar hacia el abdomen no ayuda. Aquí te lo digo como lo que es, tiene toda la lógica del mundo pero es de las pocas cosas de esta lista que no está bien estudiada.
  • Calzado con tacón todo el día. Se ha medido y sí empeora la función de la bomba. El motivo no es que el gemelo esté "en tensión", es que el tacón limita el movimiento del tobillo, y sin ese balanceo la bomba no llega a exprimir bien. Con tacón queda más sangre residual en la pierna después de cada contracción.

Presión venosa según postura, Stick C, Jaeger H, Witzleb E · Journal of Applied Physiology, 1992. Calzado y bomba muscular, estudio sobre función venosa y tacón alto en mujeres jóvenes · Journal of Vascular Surgery, 2012.

Lo que sí funciona y qué puede empezar ya

Te lo ordeno por lo que rinde de verdad. Las tres primeras son gratis y son las que no deberías saltarte.

Qué Por qué funciona Cuánto hace falta
Caminar Activa la bomba muscular, que mueve la mayor parte del retorno 30 min al día, valen tres tandas de diez
Mover el tobillo El mismo mecanismo, pero sin levantarte de la silla 20 flexo-extensiones, 3 veces al día
Piernas en alto Pones la gravedad de tu lado en vez de en tu contra Lo habitual son 30 min por encima del corazón, y aun 10 min ya ayudan
Fuerza de gemelo y cuádriceps Es lo único que mejora la bomba de forma medible a medio plazo 2 sesiones cortas por semana
Agua y sal bajo control Menos retención de base, menos sensación de hinchazón 1,5-2 L al día, cocinar sin pasarse de sal
Compresión ligera durante el día Acompaña al retorno mientras estás activa. Es de lo más respaldado de la tabla Calcetín 15-20 mmHg en jornadas largas
Presoterapia en casa Compresión secuencial de pies hacia arriba, cuando tú no te puedes mover 10-20 min, 3-5 veces por semana

Fíjate en que las cuatro primeras no cuestan un euro. Cuestan constancia, que es más difícil, pero es así. Si estás buscando por dónde empezar y solo puedes elegir una, elige caminar. Es la más accesible y una de las que mejor funcionan, aunque conviene decir que la que más respaldo tiene en estudios es la compresión.

Y una cosa sobre la fuerza, que es la gran olvidada. Se ha visto en ensayos que un programa estructurado de ejercicio de pantorrilla mejora de forma medible la capacidad de vaciado de la bomba muscular. No es una recomendación de manual, es de lo poco de esta lista que tiene ensayos detrás.

Padberg FT et al. · Structured exercise improves calf muscle pump function · Journal of Vascular Surgery, 2004. Confirmado en revisiones sistemáticas posteriores.

La rutina de 25 minutos que puedes empezar hoy

Esto no requiere material, ni gimnasio, ni cambiar tu vida. Son cuatro momentos repartidos por el día.

Cuándo Qué haces Cuánto
Antes de levantarte 20 flexo-extensiones de tobillo tumbada, antes de poner los pies en el suelo 1 minuto
Durante el día Levantarte cada 60 o 90 minutos y caminar un par de minutos, aunque sea hasta la cocina Suma 10 minutos
Al llegar a casa Fuera el calzado y la ropa que apriete. Ducha templada terminando con agua fresca en las piernas, de tobillo a rodilla 5 minutos
Antes de dormir Piernas en alto contra la pared, respirando despacio 10 minutos, y si puedes llegar a 30 mejor

Y dos veces por semana, sentadillas y elevaciones de talones. Tres series de quince en el salón mientras hierve el agua de la pasta. No hace falta más para empezar.

Dale unas cuantas semanas antes de juzgar. Los cambios de sensación diaria se notan pronto, en unos días. El cambio de fondo, ese de llegar a las siete de la tarde y no acordarte de que tienes piernas, tarda más y varía mucho de una persona a otra. Los estudios de ejercicio que miden mejoras de la bomba muscular suelen trabajar con periodos de seis semanas o más, así que dale al menos eso antes de decidir si te sirve.

Dónde encaja la presoterapia en todo esto

Vamos con la parte de producto, y te la voy a contar con la misma honestidad que el resto.

La presoterapia es compresión neumática secuencial. Unas cámaras de aire se van hinchando por orden, desde el tobillo hacia arriba. Es, básicamente, hacer desde fuera el gesto de apretar que tu gemelo hace desde dentro cuando caminas. Por eso tiene sentido justo los días en que no te has podido mover.

Lo que notas al terminar una sesión es una sensación de ligereza en las piernas. El tobillo se siente menos apretado, el pie menos caliente, y las piernas más descansadas. Es una sensación de confort, no un tratamiento, y conviene decirlo tal cual.

Ahora la parte interesante, que es donde casi todo el sector cuenta las cosas al revés.

La guerra de los números, y por qué no la jugamos

Si comparas aparatos de presoterapia te vas a encontrar una cosa curiosa. Todos compiten por el número más alto. 260 mmHg. 46 niveles. 8 cámaras. Cifras que suenan a potencia y que, seamos sinceros, no significan nada para quien las lee.

El resultado es que nadie sabe traducir esos números, así que la gente acaba comparando el único que sí entiende, el precio, y gana el más barato.

Nuestros pantalones de presoterapia alcanzan 260 mmHg. Lo limitamos a 200 a propósito.

El motivo está medido. Partsch midió con ecografía cuánta presión hace falta según la postura del cuerpo, y encontró que tumbado bastan entre 20 y 25 mmHg para cerrar por completo las venas de la pierna, tanto las superficiales como las profundas. Sentado hacen falta entre 50 y 60. De pie, unos 70. Veinte tumbado. No doscientos sesenta.

Partsch B, Partsch H · Calf compression pressure required to achieve venous closure from supine to standing positions · Journal of Vascular Surgery, 2005. Estudio pequeño, 9 voluntarios sanos y 5 pacientes.

Renunciar a un número que nos haría ganar la comparativa de la ficha técnica es una decisión incómoda desde el marketing. Pero por encima de cierto punto lo que aparece no es más beneficio, es menos tolerancia. Y una sesión que no aguantas es una sesión que no haces.

Por qué cada cámara va por su cuenta

Hay otro detalle que casi nadie del sector usa, y que a mí me parece el más interesante de todos.

La presión que marca el aparato no es la presión que llega al tejido. Y no llega igual a todas partes. Zaleska, Olszewski y su equipo lo midieron con aguja, directamente dentro del tejido, y encontraron que inflar la cámara a 120 mmHg producía unos 130 mmHg de presión en la pantorrilla y solo unos 40 en la ingle. La misma cámara, tres veces menos presión arriba. Los propios autores concluyen que hace falta aplicar presiones distintas en niveles distintos del miembro.

Zaleska M, Olszewski WL et al. · Lymphatic Research and Biology, 2013;11(4):227-232. Medición en miembros con acumulación de líquido, no en piernas sanas.

Por eso, nuestro pantalón de presoterapia HighFly Pro Max cada cámara se configura de forma independiente. No es una función de lujo para gente que quiere tocar botones. Es la consecuencia lógica de ese dato.

Cuál de los dos te encaja

Hay dos, y la diferencia no es cuál es mejor sino para qué es cada uno.

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Si lo que buscas es sentarte veinte minutos después de un día largo y levantarte con las piernas más ligeras, con el HighFly Pro vas sobrado. El Pro Max tiene sentido si te gusta afinar, si quieres programas distintos para días distintos, o si buscas el formato pantalón por el ajuste.

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6 cámaras secuenciales del pie a la cadera, 6 modos preparados y batería inalámbrica de más de 3 horas para usarla donde quieras. Veinte minutos en el sofá y las piernas se sienten más ligeras.

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Cómo usarla. Sesiones de 15 a 20 minutos, entre 3 y 5 veces por semana. Estos números son orientativos y salen de la propia ficha del producto, no de un protocolo estandarizado, porque en uso doméstico no existe tal cosa. El mejor momento es al final del día, con la ropa de calle ya fuera.
Antes de usarla, lee esto. La compresión neumática no es para todo el mundo. No la uses y consulta antes con tu médico si estás embarazada, si tienes cualquier problema de circulación ya diagnosticado, si te han dicho alguna vez que tienes mala circulación arterial en las piernas, si tomas medicación relacionada con la coagulación, si tienes el corazón delicado o te falta el aire con esfuerzos pequeños, si tienes una herida abierta, una infección o la piel irritada en la zona, si has tenido un golpe fuerte reciente en la pierna, o si notas la pierna dormida o has perdido sensibilidad en ella. Y si alguna vez te han dicho que tenías un coágulo, esto se consulta sí o sí antes de usar nada. Tienes las indicaciones completas en la ficha del producto y merece la pena leerlas enteras.

Cómo saber si lo que haces está funcionando

Este es el punto donde mucha gente se equivoca. Empiezas una rutina, a las tres semanas no "te ves" distinta y lo dejas. El problema es que estás usando el peor instrumento de medida que existe, que es tu propia percepción.

Hay maneras sencillas de tener un dato en vez de una sensación.

  • El perímetro del tobillo con una cinta métrica. Mídelo por la mañana y otra vez por la noche, siempre en el mismo punto. La diferencia entre las dos es lo que se te ha acumulado ese día. Anótala una vez por semana.
  • Foto de la marca del calcetín. Cada domingo por la noche, misma hora, mismo calcetín. Suena tonto y es de lo más útil que puedes hacer, porque el ojo se acostumbra en tres días y la foto no.
  • El porcentaje de agua corporal. Si tienes una báscula de bioimpedancia, te lo da. Conviene saber que es el parámetro que más fluctúa de todos, así que compara medias semanales y nunca dos días sueltos. Si quieres entender bien ese número y los otros siete, lo explicamos entero en el artículo sobre qué mide de verdad una báscula de bioimpedancia.

Con cualquiera de las tres, en cuatro semanas tienes una base con la que guiarte. Y una línea te dice cosas que una sensación no te dice.

Cuándo esto deja de ser cosa de hábitos

Todo lo anterior da por hecho algo importante, que lo que notas son piernas cansadas e hinchadas . En las dos piernas más o menos por igual, aparecen con las horas, mejoran al elevarlas y al día siguiente amaneces bien.

Si tu caso no encaja con eso, esto se sale de un artículo de blog y tienes que consultar con tu médico.

Esto no espera a mañana. Vete a urgencias o llama al 112 si aparece cualquiera de estas tres cosas.

1. Se te hinchan las dos piernas de golpe y además te falta el aire, te cuesta respirar tumbada o notas dolor o presión en el pecho.
2. Una pierna se pone fría, pálida o azulada, con dolor intenso y repentino, y no le notas el pulso. Aquí las horas cuentan de verdad.
3. Una zona de la pierna se pone roja, caliente e hinchada, va creciendo, y encima tienes fiebre o te encuentras mal.

Y con menos urgencia pero sin dejarlo pasar, pide cita con tu médico si aparece alguna de estas.

  • Hinchazón o dolor en una sola pierna, sobre todo si aparece de golpe o va con calor y enrojecimiento en una zona.
  • Hinchazón que no baja por la mañana después de dormir con las piernas en alto.
  • Venas marcadas que duelen, molestan o han cambiado de aspecto en poco tiempo.
  • Heridas en la parte baja de la pierna que tardan en cerrar.
  • Cambios en la piel cerca del tobillo, manchas oscuras que no se van, piel que se nota endurecida o eccema que reaparece siempre en la misma zona.
  • Dolor al caminar que te obliga a parar y que cede al descansar.
  • Estás embarazada o tomas medicación hormonal y notas un cambio importante.
  • Tienes antecedentes familiares directos de problemas circulatorios serios.
La regla de la asimetría, con un matiz importante. Lo que aparece en una sola pierna y de golpe siempre se consulta. Las piernas cansadas del día a día son parecidas en las dos y van apareciendo con las horas. Pero ojo, que esto no significa que todo lo que pase en las dos piernas sea inofensivo. Si se hinchan las dos de repente y encima te falta el aire, eso es el primer punto del recuadro rojo de arriba y no se espera. Ante la duda, siempre gana consultar.

Lo esencial en cuatro líneas

Todo resumido. Lo que llamamos mala circulación en las piernas suele ser falta de ayuda muscular al retorno, y a partir de los 40 años se junta con menos elasticidad venosa, menos músculo y más horas sentada. Caminar, mover el tobillo, piernas en alto y algo de fuerza dos días por semana es el grueso del asunto y no cuesta dinero. La presoterapia ayuda los días en que no te has podido mover, con sesiones de 15 a 20 minutos. Y lo que sea asimétrico, repentino, o venga con falta de aire o con una pierna fría, se consulta sin esperar.

Preguntas frecuentes sobre la circulación en las piernas

En el uso corriente no es un diagnóstico, es un conjunto de sensaciones. Pesadez al final del día, hinchazón que va y viene, marca del calcetín, hormigueo al cruzar las piernas. Suele venir de que el retorno de la sangre desde las piernas hacia el corazón, que va contra la gravedad, no está recibiendo suficiente ayuda de la bomba muscular del gemelo. Y esa bomba solo se activa cuando te mueves, no cuando estás quieta de pie o sentada.

Se juntan cuatro cosas. Las venas pierden capacidad de estirarse con los años, y está medido, la complianza venosa de la pantorrilla se reduce alrededor de un 40% en personas sedentarias al comparar jóvenes con mayores. Se pierde masa muscular si no se entrena fuerza. El día tipo suele tener más horas de silla y de coche que a los 25. Y en las mujeres las fluctuaciones hormonales afectan a cómo el cuerpo maneja los líquidos. De las cuatro, la que puedes cambiar más rápido es la masa muscular del gemelo.

Caminar es lo más accesible y de lo que mejor funciona. Treinta minutos al día, y valen tres tandas de diez. Cada paso activa la bomba muscular del gemelo, que mueve la mayor parte del retorno venoso cuando caminas. Después, mover el tobillo varias veces al día, poner las piernas en alto por la noche y hacer algo de fuerza dos días por semana. Y si quieres saber qué es lo que más respaldo tiene en estudios, es la compresión, que además es barata.

Las dos son malas si estás quieta, el problema real es la inmovilidad. Dicho eso, estar parada de pie sin desplazarte es más exigente, porque toda la columna de sangre pesa desde el corazón hasta el suelo. Se midió en personas y la presión venosa en el tobillo de pie y quieto ronda los 84 mmHg, mientras que basta con caminar despacio para que baje a unos 23. Sentada la vertical es más corta, pero la bomba tampoco trabaja y la rodilla flexionada no ayuda. Lo que salva las dos situaciones es lo mismo, levantarse y moverse cada hora u hora y media.

No, y es uno de los mitos más repetidos que existen. La presión que hace una pierna sobre otra al cruzarlas no es suficiente para dañar una vena. Lo que sí puede pasar es que notes hormigueo por compresión postural, o que si ya tienes molestias mantener esa postura mucho rato te las agrave un poco. Pero cruzar las piernas no está creando el problema. Puedes cruzarlas tranquilamente, cambiando de vez en cuando como con cualquier postura mantenida.

Sí, y es de lo que más respaldo tiene. Se ha estudiado en personas sanas que pasan el día de pie o sentadas y la compresión ligera reduce la hinchazón de final de jornada. El rango de 15-20 mmHg es el habitual para prevención, se compra sin receta y se lleva bien todo el día. A partir de 20-30 mmHg conviene que te lo indique un profesional, porque en esos niveles hay que valorar primero cómo tienes la circulación arterial de la pierna. Y si tu médico ya te ha indicado una compresión concreta, sigue su indicación.

Es compresión neumática secuencial, o sea unas cámaras de aire que se hinchan por orden desde el tobillo hacia arriba. Viene a hacer desde fuera el gesto de apretar que tu gemelo hace desde dentro al caminar, por eso tiene sentido los días en que no te has podido mover. Lo que se nota al terminar es una sensación de ligereza y de piernas descansadas. Es confort y bienestar, no un tratamiento. Y siendo honestos, la mayoría de estudios se han hecho en personas con problemas ya diagnosticados, así que en personas sanas hay menos evidencia de la que suele contarse.

Mucha menos de la que anuncia el sector. Partsch midió con ecografía cuánta presión se necesita según la postura y encontró que tumbado bastan entre 20 y 25 mmHg para cerrar del todo las venas de la pierna, tanto las superficiales como las profundas. Sentado hacen falta entre 50 y 60, y de pie unos 70. Por eso, aunque nuestro hardware alcanza 260 mmHg, lo limitamos a 200 de forma deliberada. Por encima de cierto punto lo que ganas no es beneficio, es incomodidad.

Porque la presión que marca el aparato no es la que llega al tejido, y no llega igual en toda la pierna. Zaleska y Olszewski lo midieron con aguja directamente dentro del tejido y encontraron que inflar la cámara a 120 mmHg producía unos 130 mmHg en la pantorrilla y solo unos 40 en la ingle. Los autores concluyen que hay que aplicar presiones distintas en niveles distintos del miembro, y eso es justo lo que permite configurar cámara a cámara.

Hay bastantes situaciones en las que toca consultar antes. Embarazo, cualquier problema de circulación ya diagnosticado, mala circulación arterial en las piernas, medicación relacionada con la coagulación, problemas de corazón o falta de aire con esfuerzos pequeños, heridas abiertas, infección o piel irritada en la zona, golpes fuertes recientes en la pierna, y pérdida de sensibilidad en la pierna. Y si alguna vez te han dicho que tenías un coágulo, esto se consulta sí o sí antes de usar nada. No es una lista para asustar, es que la compresión mueve líquido dentro del cuerpo y eso no da igual en cualquier situación.

Entre 3 y 5 veces por semana, en sesiones de 10 a 20 minutos. Te lo digo con una advertencia, estos números son orientativos y salen de las indicaciones del propio producto, no de un protocolo estandarizado, porque para uso en casa no existe una pauta con respaldo científico sólido. El mejor momento suele ser al final del día, con la ropa de calle ya fuera y antes de cenar.

Porque el calor dilata las venas y eso acentúa la sensación de pesadez y de hinchazón. Es la misma razón por la que un baño muy caliente sienta de maravilla en el momento y luego deja las piernas más cargadas. Si te pasa, prueba a terminar la ducha con agua fresca en las piernas, de tobillo a rodilla, y a no abusar del agua muy caliente en los días de más calor.

Ayuda, aunque mucha gente piensa lo contrario. Cuando estás deshidratada, tu cuerpo activa las hormonas que le dicen al riñón que ahorre agua y sodio, y el resultado es que retienes más. Al rehidratarte esas señales bajan y el riñón vuelve a funcionar con normalidad. Beber entre litro y medio y dos litros repartidos a lo largo del día, sin concentrarlo todo por la noche para no interrumpir el sueño, es lo que suele funcionar mejor. Eso sí, la hinchazón de las piernas al final del día va sobre todo de la gravedad y de las horas quieta, no de si has bebido poco.

La sensación del día a día mejora bastante rápido, en cuestión de días. El cambio de fondo tarda más y depende mucho de cada persona. Como referencia, los estudios que miden mejoras reales de la bomba muscular con ejercicio suelen trabajar con periodos de seis semanas o más, así que dale al menos ese tiempo antes de decidir si te está sirviendo. El error más repetido es abandonar en la segunda semana, que es justo cuando todavía no se ve nada.

Hay tres situaciones que son de urgencia y no esperan. Que se te hinchen las dos piernas de golpe y además te falte el aire o tengas dolor en el pecho. Que una pierna se ponga fría, pálida, con dolor intenso repentino y sin pulso. Y que una zona se ponga roja, caliente e hinchada, vaya creciendo y encima tengas fiebre. En esos tres casos, urgencias o 112. Con menos urgencia pero sin dejarlo pasar, pide cita si hay hinchazón o dolor en una sola pierna, hinchazón que no baja por la mañana, venas que duelen o han cambiado, heridas que tardan en cerrar, manchas oscuras o piel endurecida cerca del tobillo, o dolor al caminar que te obliga a parar.

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